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Beatriz Díaz vuelve a brillar en Madrid

La cantante asturiana triunfa en el Teatro de la Zarzuela con la obra «El imposible mayor en amor, le vence Amor».

Beatriz Díaz ha alcanzado un nuevo y rotundo éxito en la primera representación de El imposible mayor en amor, le vence Amor, zarzuela programada por el coliseo madrileño para conmemorar el tricentenario de la muerte del compositor barroco español Sebastián Durón (1660-1716), con libreto del avilesino Francisco Bances Candamo y, muy probablemente también, del dramaturgo madrileño José de Cañizares.

La soprano, que encarnó el papel de Amor, estuvo enorme durante toda la obra, especialmente en el aria «¡Ay, Júpiter, ay, ay...» y en la arieta «¿Por qué despreciaste, por qué baldonaste...», luciendo su habitual pureza tímbrica, hermoso colorido vocal, afinación absoluta, dicción impecable y espléndido empaque sobre las tablas.

La «siempre cristalina» Díaz –parafraseando la opinión de Andrés Ibáñez en ABC– obtuvo como premio a su admirable entrega una merecidísima y larga ovación, tan resonante como la que escucharon sus colegas, «artistas de la talla» –como apunta Gonzalo Alonso en La Razón– de la propia Beatriz Díaz, junto a María José Moreno como Juno, Lucía Martín-Cartón como Siringa, la mezzo Vivica Genaux como Júpiter o el barítono Javier Galán como Selvajio y, en general, todo el amplio cuadro de actores y actrices que completaron el elenco.

La vistosa propuesta escenográfica de Gustavo Tambascio, cuya espectacularidad ya pudimos admirar en el primero de los títulos de Durón, La guerra de los gigantes, que compartió cartel con El imposible mayor en amor, le vence Amor, y la dirección orquestal de Leonardo García Alarcón, que imprimió un ritmo vigoroso a la partitura, contribuyeron a enaltecer esta segunda obra que había levantado mucha expectación y llegaba rodeada de una cierta polémica.

Así, mientras el catedrático Antonio Martín Moreno, a quien se debe la edición crítica de esta nueva producción cuyo estreno absoluto tuvo lugar en el madrileño Teatro de la Cruz el 24 de julio de 1710, atribuye categóricamente la autoría de la música a Sebastián Durón, el musicólogo Raúl Angulo Díaz defiende la hipótesis de que en realidad correspondería al compositor José de Torres.

Basa su tesis Martín Moreno, entre otros motivos, en el manuscrito musical encontrado en la Biblioteca Nacional de Évora en Portugal y, sin ánimo por nuestra parte de mediar en la controversia, traemos aquí a colación a Fernando Pessoa quién afirmó que «ver es siempre la mejor metáfora de conocer».

Sin importar quién de los dos eruditos lleve razón en el litigio, lo verdaderamente cierto es que el respetable madrileño conoció el pasado jueves una obra muy poco representada, pero de singular virtuosismo, y disfrutó al mismo tiempo de una magna sonoridad y de una majestuosa contemplación que, volviendo al poeta portugués, hace buena la teoría de que «la visión es el tacto del espíritu».

■ AM Cultura, 21 de marzo de 2016





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