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Estreno absoluto de «Maharajá» en el Teatro Campoamor de Oviedo

El estreno de una zarzuela, con la garantía de una puesta en escena de calidad, unos solistas de primera y una orquesta sinfónica a su servicio, es una gran noticia en una época en la que el género parece vivir un tenue renacer.

Oviedo.- Diana Díaz

La zarzuela titulada Maharajá, que este mes se estrena en Oviedo, es un sueño en vida para sus creadores. Los ojos del compositor Guillermo Martínez y del dramaturgo Maxi Rodríguez brillan de entusiasmo al hablar de Maharajá, una comedia lírica en un acto que han escrito y compuesto juntos y que, en su estreno, cierra el XXIV Festival de Teatro Lírico Español del Campoamor ovetense. Esta nueva creación supone una renovación definitiva del certamen zarzuelístico de la capital asturiana, a punto de celebrar sus bodas de plata. Para ello se supera la revisión de títulos previos para crear una zarzuela del siglo XXI. Esta idea parte de un impulso original capitaneado por el concejal de Cultura del Ayuntamiento local, Roberto Sánchez Ramos, como resultado de una profunda reflexión con los responsables del evento sobre el desarrollo de un festival que es, junto al madrileño Teatro de La Zarzuela, uno de los pocos que mantiene este género en cartel de forma continuada, estable y con altos estándares de calidad. Se trata de una línea creativa que se pretende incentivar «con nuestros compositores y libretistas, todos ellos preparados para darle una vuelta al género y así evitar condenar al museo a la zarzuela», según explica a Ópera Actual el director artístico del festival, responsable del encargo y colaborador de la revista, Cosme Marina. Así, el primer objetivo es «impulsar la creación y renovar el género» con una iniciativa, a la vez, muy anclada en la tradición de la zarzuela. «Será una propuesta arriesgada, pero capaz de manejar códigos que el espectador entenderá de inmediato», desveló Marina.

La fuerza motriz de Maharajá es el libreto escrito por el actor, dramaturgo y director de escena asturiano Maxi Rodríguez, quien reconoce que, más allá de una u otra dirección de escena, la oportunidad de abordar una zarzuela de nueva creación no es hoy tarea habitual para un autor dramático. «No abordé Maharajá con afán rupturista, sino desde el respeto absoluto, con voluntad de adecuarme a las reglas del género». Rodríguez buscó en su corazón de dramaturgo las conexiones con los Vital Aza, Quintero y Arniches. Por algo se le ha relacionado con el «neo-sainete español» –en una taxonomía de géneros a la que el autor se refiere con desconfianza– a partir de algunos de los premios literarios que posee. Así, Rodríguez rebuscó en la comicidad para componer un libreto con la vista puesta en la época actual: «Vivimos tiempos y tramas en la vida que son de opereta», afirma convencido. Entre sus vivencias, un viaje a la India marcó el juego teatral que en la nueva zarzuela une Asturias y el estado indio de Rajastán, en un mestizaje de elementos de ambas culturas a través del viaje de la joven protagonista.

El libreto conserva así los rasgos propios de la zarzuela cómica que reviste de contemporaneidad, con gran ritmo y descripción de mil y un colores, la atmósfera de la obra que la parte musical, cómo no, sabe aprovechar. Los autores inciden en el dinamismo de la producción –que firma Maxi Rodríguez–con la que el Teatro Campoamor, además, celebrará su 125º aniversario, un montaje con transiciones a la vista acorde con la retina del espectador actual, considerando además la necesidad de renovar los códigos para el público joven. Se propone una puesta en escena ágil y sencilla, con la escenografía que firma Carmen Castañón, apostando por el nivel interpretativo de los solistas, con el peso además de las partes habladas. La soprano Beatriz Díaz, el barítono David Menéndez, la mezzosoprano María José Suárez y el tenor Juan Noval-Moro encabezan el primer reparto de Maharajá, con acento asturiano.

Para el compositor Guillermo Martínez, Maharajá supuso un ejercicio de reflexión en torno a la quintaesencia de la zarzuela, sobre el sentido de componer hoy día un género marcadamente nacionalista en un momento tan universal y cosmopolita, unido a los elementos de la contemporaneidad que había de beber la zarzuela del siglo XXI. Martínez entendió que Maharajá debía tener un prisma musical propio, con la apertura de sus elementos, por el pluralismo cultural contemporáneo que ya dibuja el propio libreto. Maharajá traspasa fronteras de manera ecléctica, y también épocas, para recibir influencias del jazz, el hindi, la habanera y el pasodoble, el esplendor de la revista e incluso versiones de temas modernos, en una diversidad de 43 números que tejen diez escenas, siempre buscando la brillantez de una obra de unos 95 minutos de duración.
Como explica Martínez a Ópera Actual, la personalidad del compositor funciona como hilo unificador, aquí ante un lenguaje postonal influido por Korngold y Zemlinsky. «Soy un compositor de amor y muerte, más que de comedia». Por eso se despojó de su oficio, para sentirse «de nuevo un niño compositor». Maharajá es un ejercicio de originalidad y espontaneidad hasta ahora inédito en la obra, ya amplia, de este joven autor formado entre Asturias y Manchester. «Este cariz cómico te hace trabajar de manera prístina y directa, no cabe ningún desarrollo conceptual: la música ha de nacerte de las propias entrañas», afirmó Martínez.

Maharajá nace con la voluntad, la temática y formas musicales de la zarzuela, en un «ejercicio de reivindicación del género», según apunta Martínez. De hecho, Maxi Rodríguez no elude la intención de recoger cierto costumbrismo en el contexto de la acción, en una idea de la zarzuela hecha desde Asturias pero «con vocación universal y atemporal». Ambos creadores lo tienen claro: ante la inmediatez y la moda que hoy imperan, «es un error no apostar por lo trascendente: por la Cultura». Como autor dramático, Rodríguez niega que haya que trazar límites y no poder ampliar los márgenes de los géneros artísticos. Maharajá ofrece romanzas, números de conjunto y coros de elevación lírica, pero sin perder el equilibrio en el conjunto de una obra nacida para el entretenimiento, que combina elementos contemporáneos y otros idiosincráticos. Con todo, ambos autores entienden la zarzuela como un género a proteger y desarrollar en la actualidad: «la zarzuela tiene un futuro infinito, cuyos límites solo están en la imaginación de los autores».

■ Ópera Actual, junio 2017





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