Beatriz Díaz es La Antonelli en «El dúo de La africana»


Beatriz Díaz es La Antonelli en «El dúo de La africana»

«Si España consume ópera francesa, italiana y alemana, ¿por qué no va a exportar su zarzuela?» | «Yo prefiero ir a los teatros que a los campos de fútbol, pero lo uno no está reñido con los otro»

 

La soprano Beatriz Díaz (Boo, Aller; 1981) tiene la agenda profesional ocupada durante los dos próximos años.; luego no sabe qué camino seguirá. Dice que no es mucho de planificar, que ni por lo más remoto había pensado que acabaría siendo cantante de ópera y viajando por todo el mundo. Su sueño es encarnar a las heroínas de Puccini, y cree que empieza a estar preparada para hacerlo. Antes de que eso suceda el público tiene la oportunidad de disfrutar de su interpretación de La Antonelli en El dúo de La africana, que se estrena el jueves en el XXVI Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo.

-Adelante algo de su personaje en esta producción.
-La Antonelli es la pimienta de la producción, todo sucede en torno a ella: ella pone a su marido celoso con el tenor, él es el empresario, no se puede acabar la función por culpa de los celos… Son clichés. Juego mucho con el mantón y la gestualidad e incluso cuando hago de africana, de Selika, hay ciertos guiños a Andalucía. La Antonelli baila todo el rato, cuando habla baila con la voz. Es un personaje muy divertido y lo que canta es muy agradecido.

-Que sea una obra tan conocida es una dificultad añadida; el público tiende a comparar.
-Las notas son las que son, pero cada uno tiene que dejar su impronta. Es lo que estamos haciendo Alejandro del Cerro y yo, y el trabajo con el maestro Miquel Ortega es estupendo. Y con Joan Font lo mismo: su forma de crear es dejar que cada uno aporte su visión, creamos entre todos y es una forma de hacer las cosas muy enriquecedora.

-El equipo trasmite muy buena sintonía
-Es la manera constructiva de trabajar, todos hacemos una piña y remamos a favor y así la energía no se dispersa. Estamos concentrados en que el público salga encantado. Es un espectáculo muy mágico, han apostado por los números de magia, de danza, y eso enriquece mucho el show y atrae a un público que puede descubrir que la zarzuela le gusta.

-Es teatro dentro del teatro.
-Durante la función ves lo que es el día a día del teatro, un poco distorsionado pero tal cual. Ves al regidor que le echa una bronca a uno que llega tarde, al director que riñe a alguien que no se sabe el texto, a las bailarinas que llegan con los paraguas al ensayo. Eso te permite usar muchas referencias. Antonelli y Beatriz Díaz son muy distantes, porque Antonelli es la prima donna, se hace notar y como la Pantoja es de las que dicen: «Los focos a mi persona». Yo para nada. Es una obra fresca, interesante… lo histriónico es la historia de celos. Partimos de la realidad y acabamos en un mundo un poco loco.

-¿La zarzuela ha perdido un poco la caspa?
-Aquí tenemos un patrimonio maravilloso y lo hemos exportado poco, ahora afortunadamente hay un equipo en el Teatro de la Zarzuela de Madrid que está trabajando mucho –tenemos a Óliver Díaz allí­– y están buscando la forma de internacionalizarla. Hay muchos países hispanoparlantes a los que les gusta mucho. En el Châtelet, en París, hicimos «La generala» con Emilio Sagi, en 2008, y el teatro se ponía en pie todos los días. Tenemos que dignificar el género sin ninguna duda, hay un montón de zarzuelas desconocidas, por rescatar, y hay grandes directores que ahora hacen zarzuela. Plácido Domingo también es un defensor a ultranza de la zarzuela, y ahora está haciendo «El Gato Montés» en Los Ángeles. Si nosotros consumimos ópera francesa, italiana y alemana, ¿por qué no se puede dar el caso contrario? Si la vocalidad es la misma…

-¿Ve más público joven?
-Hay que mantener el público que tiene la zarzuela pero tiene que entrar savia nueva. Yo personalmente prefiero ir a los teatros que a los campos de fútbol pero lo uno no está reñido con lo otro. Pecamos de desconocimiento, mucha gente no sabe lo que es una ópera o una zarzuela.

La Nueva España, 6 de mayo de 2019 • Elena Fernández-Pello