Cantar para «olvidar lo que hay fuera»

Cantar para «olvidar lo que hay fuera»

La soprano Beatriz Díaz y la mezzosoprano María José Suárez, junto al pianista Marcos Suárez, rinden homenaje a las víctimas de la covid


Tras un parón de siete meses como consecuencia de la pandemia -escribe Rosalía Agudín en El Comercio-, la soprano Beatriz Díaz y la mezzosoprano María José Suárez volvieron a subirse ayer a un escenario. Lo hicieron en el Auditorio Príncipe Felipe, con motivo de las fiestas de San Mateo, y acompañadas al piano por Marcos Suárez. Ofrecieron un concierto que llevó por título «Canta y no llores». Las entradas, agotadas. Se escucharon áreas de ópera, zarzuela y canción asturiana.

No hubo trampa ni cartón -puntualiza David Orihuela en La Nueva España-. Cuando un cantante dice que se emociona en el escenario lo hace muchas veces como recurso para quedar bien, pero hay otras que eso es una realidad muy palpable. Beatriz Díaz y María José Suárez rieron, lloraron y se emocionaron en el escenario. Casi no sería arriesgado decir que más que el público, y eso es mucho porque hubo momentos de quedarse sin respiración encajado a la butaca y otros en los que las lágrimas querían saltar de los ojos a las mascarillas.

También hubo risas. Muchas, porque las dos mujeres y el pianista que las acompañó, Marcos Suárez, son personas divertidas.
Ya nada más salir al escenario las dos cantantes recibieron una gran ovación del público. Las dos tomaron aire visiblemente emocionadas y devolvieron los aplausos. Era su forma de agradecer a los que allí estaban que les hayan guardado ausencia y que después de siete meses vuelvan a sentarse en el patio de butacas.

«Me toca romper este largo silencio», dijo Beatriz Díaz, y lo rompió con Puccini, su compositor fetiche. María José Suárez tomó el relevo con una canción gitana que dice «Cuando mi abuela me enseñaba a cantar, lloraba». «Yo ahora enseño a cantar a los niños y lloro», confesó.

Fue una noche de estrenos. Las dos regresaban al escenario y las dos se arrancaron con cosas que no habían hecho nunca antes. Díaz impresionó con su interpretación en checo, «algo que nunca puede preparar y a lo que le pude dedicar tiempo en el confinamiento» y con su primer lied alemán, dedicado a las víctimas de la pandemia y a su amiga, la diseñadora Pepa Ojanguren. La introducción de ese bloque homenaje la intentó hacer María José Suárez, pero si tenía previsto decir algo más no pudo hacerlo, se tuvo que retirar llorando al recordar a su querida Pepa. Regresó para interpretar «El árbol del olvido», de Alberto Ginastera. Ellas querían alegría y querían arriesgar y así lo hicieron en el bloque dedicado a la lírica asturiana. Díaz reivindicó, como siempre que tiene ocasión, esas composiciones, y Suárez se arrancó con una canción «que no sé cantar». Como decía que no sabía, el público le ayudó y salió un «Chalaneru» de los que emocionan.

Entre el público estuvieron la concejala de Festejos, Covadonga Díaz, y sus compañeros de equipo de gobierno Mario Arias, Yolanda Vidal y José Luis Costillas. Tampoco faltó el presidente de la Ópera de Oviedo, Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, el ex senador popular José Ramón García Cañal o el médico Jaime Álvarez-Buylla Álvarez-Santullano. Un concierto que puso el broche de oro a la programación lírica de las fiestas de San Mateo.

El Comercio y La Nueva España, 10 de septiembre de 2020



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