«Comediants» vuelve del revés el Campoamor


«Comediants» vuelve del revés el Campoamor

Joan Font, líder de la rompedora compañía teatral catalana, inflama entusiasmo y buen rollo al equipo de «El dúo de La africana», en el que Beatriz Díaz afronta el papel protagonista de La Antonelli

 

Joan Font cumplió setenta años el pasado viernes, en Oviedo, y salió a celebrarlo con el equipo de El dúo de La africana. Le han bastado un par de semanas de ensayos en el Campoamor para llevárselo de calle, y no solo literalmente. El líder de «Comediants», una compañía que es historia del teatro, ha inflamado su pasión al equipo técnico y al reparto, que andan estos días con un subidón de energía y buen rollo que se les nota a la legua. El dúo de La africana es el tercer título del XXVI Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, una producción de la Fundación Municipal de Cultura ovetense a partir del clásico de Manuel Fernández Caballero. Font va dando forma a esta obra que parodia el montaje de un ópera como si se tratara de un puzle, el que va encajando la música de Oviedo Filarmonía, las voces de los protagonistas, las de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», las interpretaciones de los actores y los figurantes, un ballet, unos números de magia, decorados, trajes, luces, y acaba levantando una construcción única y, en este divertido título, dándole la vuelta al teatro para mostrárselo al público por dentro casi tal cual es.

Juan Font habla de «un juego escénico divertido», sin perder el respeto por el original, de «teatro dentro del teatro», de jornadas que son «como una montaña rusa» y en las que «la idea de aprendizaje» está siempre presente. Font se rodea de colaboradores y se va ganando otros nuevos con su entusiasmo y amabilidad. Dicen de él, cuando no está presente, que es magnífico para trabajar, que siempre consulta y anima a participar a todo el equipo en las decisiones y que nunca pierde los nervios ni se le escapa una palabra más alta que otra. El director artístico ya había dejado caer antes que, durante los ensayos de El dúo de La africana en Oviedo, «el buen feelling es genial» y que está encantado de trabajar en el Campoamor, «un teatro precioso, muy vivido, de los de toda la vida», para el que dirigió una de ls galas de los desaparecidos premios líricos.

Después de semanas y semanas de trabajo por separado, esta semana llegaba un momento al que Font se refiere como «crítico» y «clave», en el que hay que empezar a engranar las piezas. «El primer día salimos todos deprimidos», exagera.

Font se siente cerca de Miquel Ortega, al frente de la dirección musical, asomado al foso en el que toman asiento los componentes de Oviedo Filarmonía. «El primer ensayo conjunto siempre es complicado», admite, pero en esta ocasión, todo ha resultado bastante aceptable. Los técnicos cuentan que al siguiente ensayo, después de un primer día en el que nada parece encajar, todo suele funcionar milagrosamente bien. El maestro Ortega cuenta que en El dúo de La africana «el juego escénico es complicado», pero que la pieza de Fernández Caballero está magistralmente escrita y «llega al público». No en vano, la zarzuela contiene algunas de las canciones más populares del género, como el número de «El coro de las murmuraciones».

Miquel Ortega ha escrito especialmente una pieza para esta producción, de dos minutos de duración y que servirá para que el cuerpo de baile interprete una danza africana en escena.

Estrella García es la directora del ballet, compuesto por bailarinas muy jóvenes, «con una formación clásica y contemporánea», en las que se ha buscado cierto dominio de la escena y capacidad de interpretación. En definitiva, «unas destrezas muy amplias» que desenvuelven a lo largo de la acción, con bailes que «son un ingrediente más de la obra y que son como pinceladas, que dan mucho movimiento».

Mientas ellas se deslizan y hacen piruetas en el salón de té del teatro Campoamor, en los sótanos trabajan las costureras y Elda Noriega tiene preparado el vestuario. Ella se encarga, junto a Curt Allen Wilmer de la escenografía y, para esta zarzuela tan loca, sobre una compañía de ópera que prepara una función ambientada en África, han ideado un discurso de colores, asignando uno a cada personaje, y graduando la intensidad de principio a fin, hasta acabar con una explosión de color. Algunos de los efectos logrados han sido fruto de la casualidad, como el de la pintura flúor que han utilizado para pintar, con sus propias manos, los estampados de los trajes de los nativos y que bajo la iluminación destacan de un modo que no esperaban.

Curt Allen Wilmer trabaja a menudo con Font, son viejos conocidos y asegura que se entienden muy bien. Para El dúo de La africana del Campoamor han creado unos prismas de base triangular. Explica que son «periactos» y que ya se utilizaban en la Grecia clásica. En cada uno de sus lados hay imágenes distintas, así que el fondo cambia dependiendo de su posición, por una lado representan estatuas del madrileño parque del Retiro, disparatadamente trasladadas a la selva africana; por otro los camerinos; y en el tercero el decorado descarnado.

Otra de las colaboradoras de Font, de toda la vida, es Montse Colomé, que se encarga de los figurantes. «Ellos son importantísimos, son los que hacen los links de una escena a otra», explica. En esta producción los actores de figuración se confunden con los técnicos, porque están caracterizados e interpretan en escena a regidores, personal de limpieza, técnicos de iluminación y otros oficios del teatro. De algún modo, en la representación el director artístico ha querido dedicar un homenaje a todos esos profesionales en los que el público no repara, sacándolos a escena.

Font también aprovecha para darse algún capricho. Amante de la magia, siempre que tiene ocasión intercala algún número en sus espectáculos. En esta ocasión ha fichado a Raúl Alegría, ganador de un premio Merlín, comparable al Oscar de la magia, y que sobre el escenario del Campoamor hará aparecer y desaparecer a más de un personaje.

Ya en el descuento para el estreno, el jueves que viene y de la segunda función, el sábado 11 de mayo, el trabajo se intensifica y quedan por delante largas noches de ensayos.

La Nueva España, 5 de mayo de 2019 • Elena Fernández-Pello