«Don Pasquale es fácil de ver y entender, es graciosa y se sigue con una sonrisa»


«Don Pasquale es fácil de ver y entender, es graciosa y se sigue con una sonrisa»

«Estudié en Italia con Mirella Freni y recibí clases magistrales de Caballé y otras grandes figuras, pero los pilares los tengo en Mieres del Camino».

Javier NEIRA

La soprano allerana Beatriz Díaz será Norina en la ópera «Don Pasquale», de Donizetti, tercer título de la temporada lírica del teatro Campoamor. La primera función, el domingo 17.

– ¿Cómo es su papel?

– Hacer de Norina es un bombón para mí. Muy divertido. Vocalmente es muy exigente. Con una parte más lírica. La primera parte es de más agilidad. Lo abordan sopranos líricas y lírico ligeras.

– ¿Usted es…?

– Es difícil ponerse una misma las etiquetas. Pero, bueno, soy lírico ligera con tendencia a lírica.

– Explique las diferencias.

– Una ligera tiene coloraturas, con trinos y florituras. Después está la lírico ligera y más allá la lírica, que tiene una voz más densa y mórbida. La ligera tiene más agilidad y pesa menos el color de su voz, ya que es más claro. Las lírico ligeras estamos en el medio. Con la edad pasaré a lírica, es la evolución normal de la voz. Yo nunca fui ligera. Y hay gente con la voz muy grande que empieza como lírica y pasa a dramática.

– ¿Cómo cuida la voz?

– Estudiando a diario. Y no es sólo la voz lo que cuenta, es todo el cuerpo, que es el verdadero instrumento. Influyen las modificaciones físicas y las psicológicas, mucho más aun. No hay que gritar ni hacer locuras. Es necesario realizar ejercicios diarios de técnica y estudio. Cuando estoy con alguien y digo que me voy a estudiar, a veces me responden, ¿aún?, ¿sigues estudiando? Pues claro, y así el resto de mi vida. Es la primera vez que canto «Don Pasquale». Es todo nuevo para mí. Nunca me había centrado en este título ni como estudio. Y me llega ahora cuando creo que ya tengo los recursos necesarios para afrontarlo. Quizás antes no los tenía.

– ¿«Don Pasquale» es una ópera menor? 

-No me lo parece. Dura más de dos horas, con cuatro personajes que lo hacen todo. Bueno, y el notario, que sale en un momento. Canto un aria, un dúo con el barítono, un dúo con el tenor, un dúo con el bajo… mucho más que haciendo la Musetta en la «Bohème» o Micaela en «Carmen», y no son precisamente obras menores. Al bel canto se lo quiere presentar como algo menor por parte de algunos, pero no es así. Esta ópera es fácil de ver y entender y, al mismo tiempo, es graciosa. Se sigue con una sonrisa, aunque no tenga muchos gags. La música te llega con un lenguaje muy fácil.

– En cuanto a cuidar la voz, usted habla mucho y con mucha fuerza.

– Intento llevar una vida normal. Metida en las funciones sí hago vida de monja. Entonces hablo poco y menos por teléfono, porque por teléfono siempre se fuerza la voz. Hay que tener cuidado. Cuanto más le des al cuerpo, más te va a pedir después, necesita manías y entonces la cabeza te llega a obsesionar.

– ¿Tienes «perru»?

– Mis padres sí.

– Lo digo por el acento.

-Ya, ya. Nací en Boo de Aller. En Asturias me sale más el acento, aun así fuera también me lo notan. Y aquí me dicen que hablo muy fino. Todo al revés.

– ¿Cómo fueron sus estudios?   

– Estudié Biología, pero no llegué a acabar la carrera. El canto entonces era sólo un hobby. Como los críos hacen kárate y cosas así. Mi padre iba a los concurso de la canción asturiana. Era un juego. La posibilidad de cantar en serio me vino poco a poco. Estudié canto a partir de los 15 años, con una profesora particular. Después hice dos años en Italia con Mirella Freni y recibí clases magistrales de Caballé y otras grandes figuras, pero los pilares los tengo en Mieres del Camino.

– De nuevo en el Campoamor.

– Estuve en julio con «Carmina Burana», con la «Fura». Iba preparada para que me colgasen de una grúa y esas cosas que hacen. Y en la temporada del año pasado con «Turandot». Este año estuve en Santiago de Compostela y con una obra barroca en el teatro de la Zarzuela. También canté en la «Bohème» en Las Palmas de Gran Canaria.

– ¿Qué papeles le gustan más?

– Me divierte mucho hacer Musetta. Lo canté en la Fenice, en Génova, en Sevilla y en Canarias. También me gusta Micaela y Liù. Me encantaría hacer Mimí. Como Musetta canté al lado de grandes Mimí y me gustaría probarlo.

– ¿La vida de un cantante es de vino y rosas o incluye demasiadas espinas?

– No conozco otra vida. Siempre me dediqué a esto. No puedes hacer planes ni siquiera a corto plazo. Te plantean una audición en no sé dónde y te tienes que ir de inmediato.

– Vive aquí.

– Aquí, en Asturias están mi casa, mi familia, mi marido. En Palomar.

– De donde sale el agua para Oviedo.

– Exactamente. Nosotros la tenemos gratis.

– ¿Qué proyectos tienes?

-Coger la maleta e irme, porque todo lo que me surge es en el extranjero. Son momentos difíciles para todos. Hay recortes y, ciertamente, lo importante es comer y la educación. De todos modos, un pueblo sin cultura se muere. Es verdad que en el mundo de la música y en general de la cultura durante mucho tiempo se tiró de largo y quizá se derrochó. Pero ahora en España o en Italia estamos en unos momentos muy difíciles. Ocurre en todo, ahí están las dificultades del cine. En todo caso, la lírica debe seguir viva.

– ¿Van bien los ensayos?

– Geniales. Muy divertidos. Con una puesta en escena estupenda, viva y con mucho picante. Mis compañeros me lo hacen todo facilísimo. Carlos Chausson no sé qué número de representaciones ha hecho ya en ese rol, pero es como si lo hubiese hecho siempre. Es un placer y una auténtica clase magistral estar a su lado y ver cómo se mueve por el escenario. Tiene tan interiorizado el papel que parece que lo hace fácil.

– Qué raro es hablar con una cantante española y que no diga nada de Sagi.

Emilio es un referente mundial de la ópera. Trabajé con él varias veces. Entiende muy bien este negocio y lo hace fácil. No pone pegas; tiene, eso sí, sus requerimientos. Suma, lo hace bonito. Sabe en qué momento y cómo son las cosas. Sus puestas en escena son estupendas. Aquí lo adoramos. Curro Carreres, el director de escena de esta producción, es discípulo suyo, fue asistente suyo. Si a eso sumamos que el libreto es agradable, de reírse, donde nos tiramos un plato y cosas así, el éxito es seguro. Cuando en un ensayo llega una pausa parece que el tiempo pasó muy rápido. Ensayando me quedo el tiempo que haga falta por el bien del espectáculo.

█ La Nueva España, 10 de noviembre de 2013