El alma castiza de Madrid

El alma castiza de Madrid

Beatriz Díaz: la soprano asturiana interpreta a Pepa, la dueña del quiosco de «Agua, azucarillos y aguardiente», con intervenciones destacadas en el cuadro final de esta obra


Siendo dos obras diferentes, Agua, azucarillos y aguardiente y La revoltosa poseen semejanzas que emparejan estas dos joyas del género chico. Ambas son zarzuelas breves, en un acto. El sabor castizo de sus melodías, basadas principalmente en la música popular urbana madrileña de finales del siglo XIX y en aires folklóricos hispanos, el pintoresquismo costumbrista y un tono humorístico, son otros elementos que emparejan a los dos sainetes madrileños. Incluso la proximidad de sus respectivos estrenos, Agua, azucarillos y aguardiente en el madrileño Teatro Apolo el 23 de junio de 1897 y La revoltosa el 25 de noviembre del mismo año, acerca estas obras que, sin ser paralelas, se pueden hermanar en un mismo programa.

Las nuevas producciones del Teatro Campoamor de Agua, azucarillos y aguardiente y La revoltosa que se estrenan el jueves en el Campoamor, estarán dirigidas musicalmente por Miquel Ortega, al frente de Oviedo Filarmonía y la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. El director de escena es Curro Carreres, quien dirigió en el Campoamor óperas como Fausto, Sansón y Dalila y Don Pasquale, y las zarzuelas Entre Sevilla y Triana y La verbena de la Paloma. La zarzuela de Chueca estará interpretada por Sagrario Salamanca (Asia), Beatriz Díaz (Pepa), Mayca Teba (Manuela), María José Suárez (Doña Simona), Jorge Rodríguez-Norton (Serafín), Adrián Ribeiro (Garibaldi), Manu Lobo (Lorenzo), Enrique Dueñas (Vicente), Mario Martín (Don Aquilino), e Inma Rodríguez (Sra. Tomasa). Los protagonistas de La revoltosa son Nancy Fabiola Herrera (Mari Pepa), Gabriel Bermúdez (Felipe), María José Suárez (Gorgonia), Mayca Teba (Soledad), Marina Pardo (Encarna), Mario Martín (Señor Candelas), Enrique R. del Portal (Cándido), Sandro Cordero (Tiberio) y Darío Gallego (Atenedoro).

Miguel Ramos Carrión, autor del libreto Agua, azucarillos y aguardiente –por cierto, Ramos Carrión fue a finales del siglo XIX un asiduo del veraneo gijonés, sobre el que escribió numerosas crónicas desperdigadas en diferentes revistas y periódicos– calificó esta zarzuela como «Pasillo veraniego en un acto y dos cuadros». Ambientada en el Madrid finisecular, la zarzuela refleja las estrecheces de la clase media y las clases populares de Madrid. Pinceladas de ingenio en torno al desfile de tipos característico madrileños que pasan por el quiosco o aguaducho de bebidas del paseo de Recoletos que regenta Pepa.

Hoy nos parece que Agua, azucarillos y aguardiente está desproporcionada en la relación entre el texto y la música, con un primer cuadro que, salvo el «Preludio», es exclusivamente hablado. Sin embargo, Federico Chueca escribió para el segundo cuadro una partitura plena de sabor castizo que madrileñiza incluso las danzas centroeuropeas como mazurcas y valses. El «Preludio», de los más característicos de Chueca, presenta tres de los temas de la zarzuela: el «Pasacalles de los barquilleros», la mazurca de Garibaldi, y la malagueña de Pepa. El segundo número, resalta la importancia del coro con una estampa sonora del paseo de Recoletos en el que se escuchan el coro de niñas: «Tanto vestido blanco / tanta parola, y el puchero a la lumbre con agua sola»; el coro de niñeras: «Las señoras nos llaman a Recoletos con los bebés»; nuevamente el coro de niños «Quien dirá que los carboneritos», y el coro de las amas de cría, o «gallegada».

El tercer número es el más popular de la obra, el «Pasacalle de los barquilleros» que bajan de la Ronda de Embajadores para vender sus barquillos finos de pistón, de canela y de limón. El número cuatro es un cuarteto vocal en forma de vals, de carácter cómico. Mayor complejidad musical posee el número cinco, con sus cuatro partes destacadas: La mazurca o polka, la «canción de Garibaldi» al que llaman el gachó del arpa, músico vagabundo que canta en tiempo de mazurca aquello de «Una niñeira, in Barcelona d’un soldatino si enamoró». Le sigue dúo aflamencado, los «Panaderos» que enlaza con otro de los números más famosos en los que destaca la voz de Pepa: «Bien sabes que la Manuela / anda buscando cuestión», para cerrar con un brillante pasacalles que conduce al número final, en el que Chueca se cita a sí mismo con la «Jota de los tres ratas», de La Gran Vía. El segundo cuadro de Agua, azucarillos y aguardiente con su continuidad y variedad musical, además de una estampa sonora de Madrid, trasciende el género del sainete para adentrarse en la ópera cómica española. Lo mismo que La revoltosa.

Sinfonía madrileña de Mari Pepa y Felipe

En el estreno de La revoltosa, en 1897, se escuchó al finalizar la obra, antes de los ¡Bravo! de rigor, la voz de un hombre que puesto en pie gritaba entusiasmado ¡Meraviglioso! ¡Meraviglioso! Este hombre era el compositor francés Camile Saint-Saens. Días después, el autor de «El carnaval de los animales» declaró a la prensa que «esta obra es una ópera cómica que hubiésemos firmado muy gustosos Bizet o yo».

Efectivamente, La revoltosa es una pequeña gran ópera cómica española. De «Sinfonía de Madrid», la calificó Enrique Fernández- Arbós. Sobre un libreto de Carlos Fernández Shaw y José López Silva, Chapí compone una obra en la que se aúnan los registros castizos con una música que es al mismo tiempo popular y culta. La acción, muy leve, casi insignificante, transcurre en un patio de vecinos de Madrid, alborotado por la llegada de la pizpireta Mari Pepa. El coqueteo de la maja con los vecinos, no puede esconder el amor que siente por Felipe. Al final, el amor triunfa y «Felipe de mi alma» y «Mari Pepa de mi vida» se van del brazo como pareja de novios, a la verbena de San Lorenzo.

La ambición operística se manifiesta ya en el «Preludio», una síntesis de la obra, en la que se anticipan y desarrollan algunos de los motivos de La revoltosa: «Si no hubiera mujeres, tan infundiosas», «Mari Pepa de mi vida», «Palmito pa camelar» y «La de los claveles dobles». La orquestación de Chapí, colorista y variada, con especial juego para instrumentos como el oboe, proyecta una atmósfera sinfónica que da relieve y luz orquestal a la obra. Ritmos aflamencados como las seguidillas y guajiras se combinan con estampas cómicas y líricas. El punto culminante de la obra es, sin duda, el célebre dúo entre Mari Pepa y Felipe que arranca con los reproches de la pareja: «Por qué de mis ojos los tuyos retiras, por qué», que se transforma en un aire de jota en «La de los claveles dobles». Aliento sinfónico, comicidad vocal, aires hispanos, lirismo contenido y centrado en los dos protagonistas, y sobre todo inspiración melódica y sabiduría musical son esos rasgos de la música de Chapí que adquieren en La revoltosa valor de ley. Desde el día de su estreno, esta obra, nunca oscurecida, pasó a ser, con La verbena de la Paloma y el segundo cuadro de Agua, azucarillos y aguardiente la cima del género chico.

Principales voces

Nancy Fabiola Herrera: La mezzo canaria interpreta a Mari Pepa, la alborotadora del patio de vecinos. Papel que requiere agilidad, potencia y presencia escénica.
Gabriel Bermúdez: El barítono madrileño interpreta a Felipe, junto con Mari Pepa los únicos papeles propiamente líricos de La revoltosa.
Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo: El coro, especialmente en Agua, azucarillos y aguardiente adquiere el rango de protagonista principal con intervenciones muy variadas.
Beatriz Díaz: La soprano asturiana interpreta a Pepa, la dueña del quiosco de Agua, azucarillos y aguardiente, con intervenciones destacadas en el cuadro final de esta obra.

El Comercio, 21 de abril de 2021 · Ramón Avello