Excelencia de una «Carmen» reivindicativa de la calidad

Excelencia de una «Carmen» reivindicativa de la calidad

La soprano lírica asturiana Beatriz Díaz borda la Micaela por la belleza y la segura extensión de la voz, pero sobre todo una musicalidad de primera magnitud.

La temporada de ópera nº 45 de Las Palmas de Gran Canaria arrancó el lunes con su representación nº 539 y uno de los 82 títulos que llenan su historial. Los números no lo dicen todo, pero ayudan a entender el sentimiento de agravio que comparten directivos, abonados y público ante una rebaja sin parangón de las aportaciones publicas autonómicas, injustificable por su cuantía e intolerable por el consumado desprecio a casi medio siglo de iniciativa cultural privada, que ha dado marchamo internacional la expresión artística predilecta de los grancanarios. Subió el telón con el director de las temporadas y un niño-soprano en el escenario. Pontiggia resumió con elegancia una tradición que se remonta al siglo XIX e impregna de valores intangibles los muros del Teatro Pérez Galdós. El futuro material está amenazado pero no el espiritual si el testigo de varias generaciones llega a la del pequeño corista, objetivo irrenunciable pase lo que pase.

El aplauso del teatro abarrotado ratificó una absoluta identificación. En ese clima, la «Carmen» de Bizet habría sido un éxito por el solo hecho de celebrarse. Lo fue por la excelencia de una producción seria, bien armada y confiada a un conjunto de magníficos intérpretes. Como debe de ser. La grancanaria Nancy Fabiola Herrera pudo, al fin, cantar aquí el rol-fetiche que la ha proyectado al mundo entero. Su trabajo es extraordinario en todos los sentidos, vocal, musical, escénico, detallista en la composición dramática desde la seducción perversa hasta la tragedia final, pasando por el vitalismo extravertido, el juego corporal de la frivolidad y la misma coreografía del baile andaluz. La tesitura del personaje es idónea para su color mezzosoprano, que suena centrado, cálido y con fluidez inatacable en todos los registros. Un trabajo estelar, matizado hasta la perfección.

El tenor venezolano Aquiles Machado debuta el Don José y lo hace como brillantísimo spinto después de una gran trayectoria lírica en los primeros teatros del mundo. Proyecta su poderoso cuerpo vocal con formidable squillo, fraseando siempre en excelente línea, apianando cuando toca y llenando el teatro con firmes y carnosos agudos.

La soprano lírica asturiana Beatriz Díaz borda la Micaela por la belleza y la segura extensión de la voz, pero sobre todo una musicalidad de primera magnitud. Artista debutante en la plaza, sus recursos expresivos dejan alto el deseo de reencontrarla muchas veces.

Tan solo el barítono Luca Grassi queda por debajo del nivel de los protagonistas, con un Escamillo pundonoroso sin más. Elisandra Melián, Rosa Delia Martín, Víctor García Sierra, Javier Galán y Juan Manuel Padrón completan la excelencia del reparto, con nota sobresaliente para la Frasquita de la primera.

Los coros cantan admirablemente, tanto el de la «Ópera» que dirige Olga Santana como el infantil de la OFGC dirigido por Marcela Garrón. Los bailarines andaluces son de calidad y polarizan el aplauso con las coreografías de Nuria Castejón. El maestro Alain Guingal supedita al ajuste de la concertaciòn la riqueza sinfónica de la partitura, salvo en los bien cuidados preludios. Con la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria es posible una mayor ambición. Y Mario Pontiggia, director escénico, escenógrafo y figurinista, hace de la necesidad virtud con una producción atractiva, naturalista en los movimientos colectivos y un «estilismo» nestoriano de buena traza. Las ovaciones y bravos que salpicaron los solos se hicieron entusiastas al final. Todos salimos seguros de que nadie podrá con nuestra ópera. Nadie.

La Provincia, 29 de febrero de 2012



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