Otra «princesa» asturiana


Otra «princesa» asturiana

La soprano asturiana Beatriz Díaz es una de esas artistas precoces, cuyo talento se ha dejado ver desde siempre y que, de un tiempo a esta parte, está comenzando a dar grandes resultados. Debutó en el Teatro Real hace dos años, cuando sólo tenía 23: «Un privilegio para una cantante tan joven como yo, pues bien sé que hay muchas otras que llevan toda una vida tratando de cantar en un teatro tan importante».

Comenzó de la mano de su padre, intérprete de canción asturiana

Pero los comienzos de esta soprano asturiana no fueron tan ambiciosos: «Comencé en el mundo de la lírica cantando con mi padre, que era intérprete de canción asturiana». En Boo, su lugar de nacimiento y donde actualmente reside, durante las fiestas de San Juan había un concurso de canto para niños, que al final fue su estreno de cara al público, aunque su interés por presentarse distaba mucho de la consabida inocencia infantil: «Cuando tenía seis años le dije a mi padre, ¡llévame a cantar!, para que me diesen un juguete», explica Beatriz entre risas, que sigue relatando su recuerdo: «Quería cantar una canción que había aprendido oyéndosela ensayar a mi padre, titulada El pintor que pintó a Xuana. Ahora ya no canta; un buen día hace diez años simplemente lo dejó; dijo, ¡ya no canto más, cansé!».

Pero ella siguió, primero con sus estudios de solfeo y piano, al mismo tiempo que acompañaba a su padre. Sus extraordinarias aptitudes hicieron que, llegado el momento, sus padres la animasen a obtener una educación lírica reglada, por lo que decidió presentarse a las pruebas de acceso al Conservatorio Superior de Música Eduardo Martínez Torner de Oviedo, donde se dio una de las circunstancias más curiosas e irónicas de su trayectoria y que ella misma relata con resignación y el buen humor que la caracteriza: «Con quince años preparé la prueba de acceso, a la que me presenté sin pianista acompañante, dado que a mi madre le habían dicho por teléfono que no era necesario. La realidad fue que a la hora de la verdad, había otros tres chicos de cerca de 28 años, cada uno con su pianista y yo, sola. Al llegar el momento pregunté si era posible que tocase yo misma el piano al tiempo que cantaba, a lo que se me respondió un tanto desdeñosamente: “Si usted se cree tan artista…”. Obvio decir lo que dije a continuación, algo así como: no no, sólo canto».

Y le suspendieron. Ella sonríe cuando se le recuerda la anécdota de Verdi, rechazado en la prueba de acceso al Conservatorio de Milán, que años después llevaría su nombre, y responde: «Hay que tener en cuenta que tenía 15 años, y que la voz que tenía no era la de ahora».

Más tarde decide seguir sus estudios por libre, y encuentra a Elena Pérez Herrero, que hasta el día de hoy sigue siendo su profesora. «Empecé con ella y me fue muy bien, así que no me atraía la idea de volver a hacer la prueba, porque tener que empezar desde el principio con otra profesora no me parecía oportuno». Su actual estado le ha llevado a estudiar con intérpretes míticas del género, como es el caso de Mirella Freni con la que estudia en Roma. «He estado preparando el papel de Liu, de Turandot, pero al mismo tiempo observaba como preparaba el de Mimí a otras cantantes. Es un privilegio asistir a esas clases porque aprendes cosas que no se te van a olvidar nunca».

Beatriz Díaz participa en la obra «Black, el payaso»

Esto días se encuentra en Madrid para actuar en el Teatro Español, donde participa, como protagonista, en la zarzuela Black, el payaso de Pablo Sorozábal. «Estaré hasta el 3 de septiembre, en una producción dirigida en lo escénico por Ignacio García, una de las personas que más me están apoyando en mi carrera».

La historia de Black, el payaso narra las peripecias de una princesa exiliada de Surevia y dos payasos, Black y White. La princesa, que es el papel que encarnará Beatriz Díaz, asiste a una función de ambos payasos en la que Black canta una canción que en su día había compuesto para ella su prometido, el duque Daniel.

Como nadie, salvo los enamorados, podía conocer de su existencia, la princesa cree que el payaso es en realidad su prometido, equívoco que White ayuda a reforzar por interés personal. Al final a parece el tenor –Daniel– , que ha vuelto con el deseo de gobernar y deshacer el enredo. «El final –relata la cantante– termina con todo el mundo con la maleta hecha y con ademán de irse. Es una idea de Ignacio García, que quiere abundar en la asociación del mundo del circo en continuo viaje».

La producción sigue la línea planteada por el Teatro Español de Madrid, de un tiempo a esta parte interesado en programar toda la obra de Pablo Sorozábal menos conocida por el público.

La Voz de Asturias, 14 de agosto de 2006 (Reportaje)